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Calmar a un niño con el móvil le impide aprender a autocalmarse

Llamemos al teléfono "caramelo electrónico" y veamos por qué no ayuda en la educación de los hijos.

El título lo dice casi todo pero es bueno repasar un poco qué está sucediendo. Hay padres y madres que se sienten tan incapaces de calmar a su hijo que recurren al caramelo electrónico: el móvil. Es una forma de decirle al niño: “Creemos que no puedes hacer nada más que tomarte la golosina para estar tranquilo. De este modo nos dejas en paz y te volvemos a demostrar que tú no te puede entretener o calmarte por ti mismo”.

El niño podría responder: “No me habéis enseñado”. Imaginémonos que este niño se llama Pepe, tiene 4 años y va al médico por un dolor de barriga. Todos recordamos, quizá los menores de 25 años no, como los niños de hace un par de décadas tomaban un par de coches muy pequeños, que cabían en sus manos, para jugar con ellos ininterrumpidamente en la consulta del dentista.


Bajo la mirada de mamá o papá

La madre, que no tomaba su móvil pues casi no se usaba, le miraba más o menos atenta pero le sonreía cada vez que el niño buscaba aprobación en sus ojos. La madre, con una expresión de aquiescencia, aplaudía el juego y el niño seguía jugando la mar de contento. Luego el niño entraba en la consulta del pediatra y tantas novedades le dejaban extasiado.

Los cochecitos miniatura volvían al bolso de la madre y el niño salía de la consulta tan feliz. La madre creía firmemente en que el niño podía entretenerse sólo porque había recibido clases de autoaquietamiento en casa. Y si los cochecitos le cansaban sacaba un papel y unos lápices del bolso (un poco como Mary Poppins) y ponía al niño a dibujar.


Alas a la imaginación

En la actualidad no se enseña al niño en casa a hacer unas cuantas cosas vitales. No se le enseña a Pepe a jugar, a contarse historias a sí mismo para dar relato a dos cochecitos que se persiguen y que chocan una y otra vez.  El niño hace dos décadas era capaz de contarse muchas cosas a sí mismo. Y en esa habla interna el niño era capaz de darse ordenes: “Ahora  toca jugar que me gusta mucho”. Y esa misma habla interna les servía para dibujar auténticas historias en un papel en blanco.


Qué pasaba. Pues que la madre, el padre, habían puesto en marcha muchas veces infinidad de juegos en casa, construcciones, muñequitos variados que constituían poblados, o libros de unas finísimas ilustraciones que el niño miraba o leía numerosas veces para darle al cuento cada vez una versión nueva.

Ahora el niño está en casa y no sabe jugar. No ha aprendido. Pero Pepe sí sabe que le gustan los acelerados dibujos de Bob Esponja o las cancioncitas pegadizas hasta el extremo de Baby Shark. ¿Eso es lo que se espera de este niño? ¿Eso es lo que se espera de un niño que entre los 2 y los 6 años va a construir su conocimiento del mundo, de la realidad, del entorno a través del juego para orientarse en el aula de primero de Primaria?

Este niño no juega: es un espectador pasivo que sin esas golosinas no sabe hacer -permítanme que sea un poco crudo- casi nada. ¿Qué hacía esa madre indolente -discúlpeseme el adjetivo- o cansada que además tenía la televisión encendida a todas horas cuando Pepe jugaba con 2 años con unos muñecos la mar de simpáticos que le habían regalado sus abuelos? Pues lo que hacía, sin mala intención, sin saberlo, era interrumpir un juego incipiente que con un poco de esfuerzo familiar podría haber llevado Pepe hasta el gusto por el Lego.


Los beneficios de jugar

(Y hago propaganda conscientemente pues esta marca universal demuestra que hoy todavía es posible jugar. Que sepa el lector que Lego es un juego que predice un gran conocimiento del espacio, sus dimensiones, los equilibrios de fuerzas y por ende del cálculo y las matemáticas).

El niño con dos años aún manipulaba esos muñequitos pero después de tantas horas de televisión encendida en casa el niño abandonó lo que ya le parecían unos sosos juguetes y se plantó en el sofá ante la TV viendo todo lo que le echan acurrucado junto a su madre o quizá en solitario. Y así se renunció a los primeros conatos de juego.


La madre o el padre, o la cuidadora no apagaron la tele y el niño se convirtió en una figura quieta y pasmada ya con tres años. Cuando había que comer sus padres le daban móvil y manzana a la vez para “facilitar” la ingesta y cuando había que ir a dormir Pepe se negaba a hacerlo y caía como una piedra ante la TV hacia las 11 de la noche o quizá ya ante la tableta “que me han dicho que es interactiva y que educa mucho”.


El niño queda fascinado pero no aprende a calmarse

La tableta no educa, fascina, engancha y el niño no aprende a autorregularse. Salvo que se use muy ocasionalmente con unos padres que dirigen la apps más oportunas y limitan el tiempo total de pantallas a no más de una hora al día desde los tres años. Y cuando se sale a comer o se va al pediatra Pepito ya sabe que cuando se aburra la madre le sacará del bolso el bombón. Y los dos nadarán con sus respectivos móviles ensimismados en otro mundo.

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La autorregulación del niño queda para más adelante. Desde luego las clases de Primaria a Pepe, si es que de verdad se ha convertido en un consumidor severo de móviles, TV y tabletas, le resultarán chatas y cansinas. Y quizá se despistará pues su capacidad de fijar la atención ha caído bajo mínimos. La maestra dirá que es un niño movidito y que quizá tiene TDAH. Pero no tiene nada de eso. Quizá hay que educarlo.

Amable lector, le ruego que se tome este artículo como un cuento que quizá le pone sobre aviso. El tono no ha sido suave pero quizá había que expresarse así para explicarse mejor.


                                                                                                                            (Aleteia, 2019)

https://es-aleteia-org.cdn.ampproject.org/c/s/es.aleteia.org/2019/07/28/calmar-a-un-nino-con-el-movil-le-impide-aprender-a-autocalmarse/amp/

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¿Cambiará el cerebro de mi hijo el medicamento para el TDAH?

Si usted tiene un hijo que ha sido diagnosticado con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), puede que esté enfrentado con la decisión de si debe o no probar con medicamentos. Los medicamentos estimulantes han demostrado en repetidas ocasiones en ser el tratamiento más efectivo para los síntomas del TDAH, ayudando a que los niños presten atención, se concentren, manejen sus impulsos, y eviten los comportamientos arriesgados. Alrededor de un 80 porciento de los niños que prueban los medicamentos estimulantes para el TDAH encuentran que tienen un efecto positivo en sus síntomas. Para poner eso en perspectiva, no hay ningún otro medicamento para una condición siquiátrica que tenga una tasa de respuesta tan alta.

Sin embargo, puede que usted tenga la preocupación de que el medicamento afecte la manera en la que el cerebro de su hijo funciona. Y si el medicamento se toma por un período de años, ¿tiene algún efecto de largo plazo en el cerebro?


Cómo funcionan los estimulantes

Cuando un niño está tomando medicamentos estimulantes para el TDAH, el medicamento cambia el nivel de un químico en el cerebro llamado dopamina, el cual es un neurotransmisor que juega un papel crítico en la atención y el enfoque.

Cuando alguien toma Ritalin, Adderall, o cualquier otro medicamento estimulante para el TDAH, ayuda a aumentar la dopamina en su cerebro a un nivel óptimo; un nivel comparable al cerebro de una persona que no tiene TDAH. Eso lo logra bloqueando la acción de algo llamado el transportador de dopamina, una molécula que remueve la dopamina del conducto neural.

Es por eso que cambiar el nivel de dopamina en el cerebro definitivamente cambia la manera en la que funciona mientras se está tomando el medicamento, la cual es la razón total de tomarlo. A los niveles que se prescribe para el TDAH, estos medicamentos no suben el nivel de dopamina lo suficientemente alto como para producir euforia, y por lo tanto no son considerados adictivos.


¿Cambian la personalidad de un niño?

Los medicamentos del TDAH no deben cambiar la personalidad de un niño. Si un niño que está tomando un estimulante parece estar sedado o letárgico, o lloroso e irritable, usalmente significa que la dosis es demasiado alta y que el médico debe ajustar la prescripción para encontrar la dosis correcta.

Si un niño está tomando la dosis más baja posible que es efectiva para él, y de cualquier manera tiene cambios de humor o está irritable, se debe tratar cualquier otro tipo de tratamiento. Hay un pequeño grupo de niños que reacciona de esta manera, y usualmente esto sucede de inmediato, tan pronto ellos comienzan a usar el medicamento, y desaparece inmediatamente cuando paran de tomarlo.


Medicamento de efecto corto

Los efectos de los medicamentos estimulantes comienzan y se detienen rápidamente porque estos medicamentos se metabolizan rápidamente. Los mismos no se quedan en el cuerpo por un período de tiempo extendido. Hay muchas formulaciones diferentes de medicamentos de TDAH, diseñados para durar desde aproximadamente 4 horas (liberación inmediata) hasta 12 horas (liberación retrasada). Pero todas ellas quedarán esencialmente fuera del sistema del niño cuando se levanta en la mañana.

Cualquier posible efecto secundario, como la pérdida de apetito o dificultad para dormir, también se detiene cuando el niño deja de tomar el medicamento.


¿Hay efectos de largo plazo?

En más de 50 años utilizando medicamentos estimulantes para contrarrestar los síntomas del TDAH, y cientos de estudios, no se han observado efectos negativos de tomar el medicamento durante un período de varios años.

En los años recientes Nora Volkow, directora del Instituto Nacional de Abuso de Drogas, y sus colegas, han hecho un número de estudios de resonancias magnéticas para entender de mejor manera como el TDAH, y los medicamentos que se utilizan para tratarlo, afectan el cerebro. En el 2013 compararon los cerebros de niños con TDAH antes y después de un año de tratamiento con medicamentos estimulantes. Los estudios mostraron un aumento en la densidad de los transportadores de dopamina (moléculas que sacan a la dopamina de acción) en el cerebro después del tratamiento.

Esto sugiere que el aumento de dopamina estimulado por los medicamentos podría haber provocado que el cerebro desarrollara más transmisores de dopamina para eliminarla. No está claro por cuánto tiempo ese cambio puede durar, ya que el nivel de transportadores en el cerebro fluctúa. Pero podría resultar, anotan los investigadores en sus conclusiones, en que los medicamentos no funcionen tan bien como lo habían hecho para reducir los síntomas a largo plazo.


¿Se vuelven los medicamentos menos efectivos con el tiempo?

Este es un tema de desacuerdo entre los médicos e investigadores. Para muchos niños la misma dosis (ajustada según crecen) continúa funcionando durante muchos años. Pero en otros niños el medicamento no funciona tan bien después de los primeros meses, y ellos necesitan un aumento en la dosis para continuar obteniendo los mismos resultados.

A pesar de que el aumento de las dosis es modesto, no son solo el resultado del crecimiento de los niños. En el estudio de largo plazo más grande para tratamientos de TDAH llamado estudio MTA (Estudio de Tratamiento Multimodal de Niños con TDAH) el primer mes del estudio fue dedicado a la valoración: ajustando la dosis hasta que llegaran a la dosis óptima para cada niño. Pero durante los 13 meses siguientes, a muchos de los niños le modificaron la dosis para continuar obteniendo el beneficio completo del medicamento.

Un análisis del 2001 de los datos encontrados de los 198 niños que estaban tomando metilfenidato al final del período de valoración, 81 (41%) tuvieron un aumento en su dosis para mantener la efectividad. El aumento promedio por unidad de peso corporal fue de 12.4%.

Pero otros 36 (18%) tuvieron una reducción de dosis para evitar efectos secundarios negativos, y (29%) estuvieron tomando la misma dosis. Los niños que comenzaron con una dosis baja tuvieron más tendencia (61%) a necesitar un aumento, mientras aquellos que comenzaron con una dosis alta tuvieron más tendencia a mantenerse en la misma dosis (33%) o reducir la dosis (37%).

Los 24 niños restantes (12%) fueron cambiados a otro medicamento o a otro tratamiento.

Estos hallazgos son interpretados de manera diferente por distintos investigadores, algunos los ven como evidencia de que los niños desarrollaron tolerancia al medicamento, otros no. El autor del estudio del 2001, el doctor Benedetto Vitiello, escribió: “Estos datos no sugieren tolerancia a los efectos terapéuticos del MPH”. Agregó que el hecho de que ocurrieron cambios en los medicamentos a lo largo de un período de 13 meses indica “una necesidad para monitoreo continuo de largo plazo”.

Esto refleja la experiencia de muchos médicos. El Dr. Roy Boorady, un siquiatra de niños y adolescentes del Child Mind Institute, que ha tratado niños con TDAh por más de 15 años, dice que con frecuencia él aumenta la dosis dentro de los primeros años de tratar a un niño. “Cuando trato a un niño desde, digamos siete años, encuentro que tengo que aumentar la dosis, quizás en un 20%, para recaptar el beneficio. Pero después de los 15 o los 16, encuentro que los niños terminan necesitando menos, no más”. El Dr. Boorady destaca que esto puede ser el resultado de que los síntomas del TDAH van desapareciendo, como con frecuencia lo hacen, al final de la adolescencia, y también es el caso que según los hígados de los adolescentes maduran, pueden ser capaces de metabolizar el medicamento de manera más eficiente.

Pero no todos los doctores reportan el mismo efecto, y algunos notan que pueden haber otras razones para el aumento en las dosis a través de los años que no implican tolerancia: según el niño se hace mayor él enfrenta mayores expectativas en la escuela, mayor demanda por concentración. El niño se vuelve más consciente de lo que el medicamento hace y puede querer más de esa sensación.

“Es ciertamente verosímil que hay una tolerancia desarrollándose lentamente a través del tiempo”, dice el Dr. Stephen Hinshaw, uno de los autores del estudio MTA: “simplemente no lo sabemos”.

El Dr. Hinshaw, profesor de sicología en la Universidad de California, Berkely, destaca que algunas veces después de años de tratamiento efectivo, un paciente con TDAH necesita cambiar a un medicamento basado en un estimulante distinto, como de Concerta a Adderall, para mantener el efecto.


¿El medicamento del TDAH lleva a la adicción?

Una gran inquietud acerca del medicamento del TDAH es la preocupación de que los niños que las toman están a un más alto riesgo de abuso de sustancias cuando son mayores. Pero varios estudios han demostrado que no hay correlación.

La investigación más reciente demostró que a pesar de que los adolescentes y los adultos jóvenes con TDAH están a un más alto riesgo para abuso de sustancias que otros niños, tratarlos con medicamentos estimulantes no aumenta ni reduce su riesgo. Lo que muestra el nuevo estudio es que los riesgos están relacionados al trastorno, no al tratamiento.

El Instituto Nacional de Abuso de Drogas destaca que la adicción es un riesgo cuando estos estimulantes son abusados, que es, tomados en dosis y vías distintas a aquellos prescritos (p.ej. que sean machacados, inhalados o inyectado). Entonces ellos producen euforia, y como resultado, aumentan el riesgo de adicción. Por lo tanto, un historial de abuso de sustancias puede ser un factor importante cuando se considera si un adolescente es un buen candidato para medicamentos para el TDAH.

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